Un radiotelescopio aterriza en la cara oculta de la Luna
De niño, durante la década de los 70, seguía las misiones Apolo a través de la televisión, atraído como una polilla curiosa por el resplandor de los tubos de rayos catódicos. Mientras tanto, la música de Pink Floyd resonaba con fuerza en los altavoces del Oldsmobile Cutlass Supreme de mi madre, sumergiéndonos en la mística de The Dark Side of the Moon.
La cara oculta de la Luna —el término técnico predilecto por la comunidad científica— es, en efecto, un entorno oscuro (durante la mitad del tiempo), gélido e inhóspito. Más allá del regolito, solo se encuentran dos módulos de aterrizaje chinos: el Chang'e 4, que llegó en enero de 2019, y el Chang'e 6, en junio de 2024. No obstante, este panorama está a punto de transformarse en aproximadamente un año. Según reporta Ned Potter, editor colaborador, en su artículo La búsqueda para construir un telescopio que pueda escuchar las Edades Oscuras Cósmicas, la misión Blue Ghost 2 de Firefly Aerospace —que transporta el radiotelescopio LuSEE-Night— intentará convertirse en la tercera expedición en aterrizar con éxito en dicha región.
La cara oculta de la Luna representa el emplazamiento perfecto para un instrumento de esta naturaleza. Las mismas ondas de radiofrecuencia que transmitieron las imágenes de Neil Armstrong sobre la superficie lunar, la voz de Roger Waters y los innumerables segmentos científicos de Ned Potter para cadenas como CBS y ABC, generan interferencias en los radiotelescopios terrestres. Si el objetivo es detectar las señales extremadamente débiles y con un elevado desplazamiento al rojo provenientes del hidrógeno neutro de la Edad Oscura cósmica, la Tierra resulta un lugar inviable. Este periodo histórico recibe su nombre debido a que la humanidad aún no ha captado señales de esa época, la cual comenzó unos 380,000 años después del Big Bang y se extendió entre 200 y 400 millones de años. Aunque la cara oculta sea un entorno hostil para la vida, su aislamiento del ruido electromagnético terrestre la convierte en el laboratorio ideal para la radioastronomía.
Como Potter me señaló recientemente, LuSEE-Night no detectará de forma directa la señal del hidrógeno de la Edad Oscura. “¿Emitirá una señal el hidrógeno de ese periodo? No”, aclara Potter. “Sin embargo, esa vasta densidad de hidrógeno podría absorber parte de la energía del fondo cósmico de microondas, interfiriendo con ese remanente aún más remoto del Big Bang”.
No obstante, el silencio de la cara oculta podría tener los días contados. Naciones como China, India, Japón, Rusia, Corea del Sur, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos avanzan con determinación hacia el establecimiento de una presencia lunar permanente. Esta expansión conlleva el despliegue de satélites de retransmisión en órbita lunar para apoyar las actividades de exploración y las bases proyectadas para la próxima década. En consecuencia, la ventana de oportunidad para realizar observaciones en una cara oculta libre de ruido se está cerrando. LuSEE-Night, un proyecto cuya concepción data de hace 40 años, podría concretarse justo a tiempo.
Potter se encuentra monitorizando los protocolos emergentes que buscan preservar el silencio electromagnético de la región a pesar del avance de estas misiones. Diversos radioastrónomos han propuesto estrategias para evitar que esta situación escale hasta convertirse en una crisis. “En esta historia no hay antagonistas, al menos por ahora”, afirma Potter. “Pero existe una gran cantidad de personas con buenas intenciones que podrían complicar el panorama si desconocen que hay un equilibrio delicado que proteger”.
Actualmente vivimos una era de intensa actividad en la exploración lunar. Además de la misión Blue Ghost 2, China lanzará la sonda Chang'e 7 hacia el polo sur lunar, mientras que la misión Artemis II de la NASA tiene previsto entrar este mes en la primera de sus tres ventanas de lanzamiento. Artemis II marcará el regreso de seres humanos a la órbita lunar por primera vez desde la conclusión del programa Apolo en 1972.