By Antonio Moreno

¿Puede la IA mejorar la precisión del arbitraje en el patinaje artístico?

DATE: febrero 07, 2026
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 Del 6 al 22 de febrero, los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 en Milán-Cortina d'Ampezzo,

Italia, no solo reunirán a la élite del deporte invernal, sino que también servirán de escenario para las tecnologías más avanzadas del sector.

Desde que en 1956 la firma suiza Omega introdujera las puertas electrónicas de salida en Cortina d'Ampezzo, marcando el inicio del cronometraje automatizado, la evolución ha sido constante.

En esta edición, Swiss Timing —filial de Omega bajo el conglomerado Swatch Group— presenta una nueva generación de sistemas de análisis de movimiento y visión artificial. Entre las innovaciones más destacadas se encuentran cámaras de fotofinish capaces de capturar hasta 40,000 imágenes por segundo.

"Trabajamos en estrecha colaboración con los atletas", señala Alain Zobrist, director ejecutivo de Swiss Timing, quien lidera el cronometraje olímpico desde Turín 2006. "Ellos son los principales usuarios de nuestra tecnología y servicios; necesitan comprender cómo operan nuestros sistemas para depositar su confianza en ellos".

La revolución de la rotación en el patinaje artístico

El patinaje artístico, uno de los pilares de la audiencia televisiva olímpica, experimentará una transformación técnica sustancial en Milán-Cortina 2026. Un despliegue de catorce cámaras con resolución 8K alrededor de la pista capturará cada movimiento de los patinadores. "Empleamos software propietario para interpretar las imágenes y proyectar el desempeño de los atletas en un modelo 3D", explica Zobrist. "La IA procesa estos datos para rastrear la trayectoria y la posición en los ejes X, Y y Z".

El sistema cuantifica la altura de los saltos, el tiempo de suspensión y la velocidad de aterrizaje de forma instantánea, generando mapas de calor y gráficos técnicos. "Todo el proceso, desde la captura del dato hasta su visualización gráfica en televisión, ocurre en menos de una décima de segundo", asegura Zobrist.

Diversos modelos de IA asisten a cronistas y jueces en el análisis de cada ejecución:

  • Estimación de pose: Una IA ayuda al sistema de visión artificial a comprender e identificar las posiciones del cuerpo grabadas por las cámaras.

  • Interpretación de datos: Un segundo modelo, similar a un modelo de lenguaje extenso (LLM), traduce la información recopilada en métricas comprensibles.

Una de las funciones más disruptivas es la detección del ángulo de la cuchilla, proporcionando a los jueces datos objetivos para evaluar decisiones técnicas y estéticas. Zobrist adelanta que futuras versiones podrán determinar con precisión matemática si una rotación ha sido completada: "Si la rotación es de 355 grados, se aplicará la deducción correspondiente", puntualiza. Esta tecnología se inspira en los sistemas utilizados por Omega en los Juegos Olímpicos de París 2024 para el salto de trampolín, donde se medía la distancia crítica entre el saltador y la plataforma.

Biomecánica en el salto de esquí

A diferencia del patinaje, el salto de esquí combina la visión por computadora con sensores físicos. "Utilizamos un sensor ligero fijado a cada esquí, no al cuerpo del atleta", aclara Zobrist. Estos dispositivos transmiten datos sobre velocidad, aceleración y posición aerodinámica, correlacionando el rendimiento con las condiciones del viento y otros factores ambientales.

Cámaras de alta velocidad y tecnología estroboscópica permiten desglosar la posición corporal durante el vuelo. "Los primeros 20 a 30 metros tras el despegue son determinantes; la precisión al adoptar la posición en V influye drásticamente en el resultado final", afirma Zobrist. El sistema detecta fallos biomecánicos en tiempo real, como la sobrerrotación o subrrotación, permitiendo un diagnóstico exacto de cada salto.

El cronometraje cuántico y la meta virtual

Para disciplinas como el bobsleigh, Omega ha desarrollado un fotofinish virtual que unifica visualmente trineos de diferentes mangas en una sola referencia comparativa. No obstante, los resultados oficiales siguen dependiendo de las células fotoeléctricas, que detienen el reloj al interrumpirse un rayo de luz en la meta.

La precisión absoluta reside en el temporizador cuántico de Omega. "Podemos medir el tiempo con una resolución de millonésimas de segundo (seis dígitos decimales), con una desviación de apenas 23 nanosegundos cada 24 horas", explica Zobrist. Esta tecnología, calibrada de forma permanente, garantiza que, en una competición donde la victoria se decide por milisegundos, el arbitraje sea indiscutible.

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